10 años
Primer artículo
Hemos avanzado, pero siempre hay nuevos retos

En México, la institucionalización de los derechos humanos emergió paralela a la movilidad política, la apertura comercial y la globalización. Procesos que tienen efectos sobre comunidades y sus culturas y que, si bien abren oportunidades, igual desarticulan y aíslan. En tal situación, la cultura de los derechos humanos adquiere importancia al recordar la dignidad inherente a toda persona.
La institucionalización de los derechos humanos en nuestro país respondió a exigencias del exterior, provenientes de países y organismos internacionales con los que se firmaron tratados y acuerdos de distinta índole.
Si bien había exigencias internas a favor de los derechos humanos, con antecedentes históricos de altísimo nivel filosófico y de heroicidad desde la época de la Conquista, como el de Fray Bartolomé de las Casas o el de Tenamaxtli, la incipiente institucionalización de los derechos humanos en México y en Jalisco en los últimos años del siglo XX no estuvo exenta de resistencias culturales, políticas, mediáticas, eclesiales e incluso de organismos de la sociedad civil, ámbitos que igual acompañaron a toda la sociedad en un proceso de aprendizaje que se actualiza aún hoy.
Recurrir con sensibilidad a la memoria histórica es de gran valía, especialmente cuando los derechos humanos son pensados por los jóvenes nacidos en la última década del siglo XX y la primera del siglo presente.
No había entonces institución alguna a la cual se pudiese recurrir, que se encargara de promover, difundir y defender los derechos humanos, que capacitara a servidores públicos, escolares y personas en general, que visibilizara los atentados a tales derechos y actuara en consecuencia. Aun así, como el concepto de derecho humano estaba ausente de nuestra cultura y de nuestro pensamiento, cuando inició su institucionalización emergieron resistencias. Por citar un ejemplo, como se trabajó en contra de la tortura y de los debidos procesos judiciales, se acusó con simpleza a la CEDHJ de “defender a delincuentes”.
Hoy Jalisco cuenta con una institución cuya razón es la promoción y defensa de los derechos humanos. Se fortaleció en la medida en que éstos se inculturaron, se volvieron pensamiento y acción; para ello, a pesar de las resistencias iniciales, los medios de comunicación vigilantes, críticos y objetivos fueron y son grandes aliados de la CEDHJ.
No ha sido, ni es aún, un aprendizaje social exento de impurezas que contaminan el debate en la opinión pública. Desde los poderes gubernamentales y desde la sociedad civil, la visión integral de los derechos humanos y del actuar de un organismo como la CEDHJ no siempre es comprendida. A la Comisión se la ha acusado de ser excesivamente jurídica, pero no se puede ser excesivamente jurídico cuando se respetan y ejercen las atribuciones y competencias que establece la ley, ni más ni menos. Si se actúa con responsabilidad, la CEDHJ no busca victorias simbólicas, meramente discursivas, para cortejar a la opinión pública, sino actuar con eficacia en el marco institucional.

Esta es nuestra Comisión, una institución de seres humanos para seres humanos.


Generaciones anteriores de mexicanos y de jaliscienses podrán recordar con experiencias personales, comunitarias y sociales, los atropellos a la dignidad humana en la cotidianeidad, que sufrían individuos en procesos judiciales o policiales, con la práctica de la tortura o la vejación; la cultura machista que condenaba a las mujeres a segundos planos, el sufrimiento inevitable que suponía la diversidad sexual, por citar algunos ejemplos.

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