DHumanos
Número 88
Ombudsman
>> La voz del defensor de pueblo
Derechos humanos, agenda permanente
Es necesario que las personas sean actores políticos y agentes de cambio.
Columnista

Desde que el 10 de diciembre de 1948 la Organización de las Naciones Unidas adoptó y proclamó la Declaración Universal de Derechos Humanos –la “Carta Magna de la Humanidad”–, la comunidad humana decidió crear un código moral, ético y jurídico que amparara lo que desde la Revolución Francesa se reconocía como los derechos inalienables del hombre.

Motivados por los desastres durante la Segunda Guerra Mundial, todos los países tomaron la firme decisión de ubicar a la persona y a los pueblos como sujetos de derechos y poner en el centro de concepción la dignidad humana. Sin duda alguna, esto constituye el mayor logro de la humanidad.



A casi 70 años de este parteaguas mundial, las personas, los gobiernos, las empresas, las iglesias, el Estado mismo, tenemos la obligación de mantenernos en la búsqueda de que el respeto de los derechos humanos sea una realidad.

Luchar por construir mecanismos que aseguren las condiciones de dignidad para todo ser humano, pasa por reflexiones, experiencias, errores, teorías y metodologías de trabajo. Durante el siglo XX, con la forja de las democracias y Estados liberales, se crearon entornos institucionales capaces de representar e intermediar los intereses de las personas frente a los gobiernos.

En nuestro país, a finales de la década de los ochenta emergieron cientos de instituciones denominadas organismos no gubernamentales (ONG) con la agenda puntual de los derechos humanos, como contrapeso a los Estados-nación en los regímenes autoritarios y han logrado enmarcar su trabajo en una agenda permanente en seguridad, género, medio ambiente, salud y temas relacionados directamente con los derechos humanos reconocidos en tratados internacionales.

Consolidar el pleno ejercicio de los derechos humanos supone que debemos superar una gran cantidad de obstáculos, y aunque se podría considerar que se trata de una tarea que sería inacabable, debemos trabajar conjuntamente las personas y los gobiernos para caminar en una marcha inexorable hacia esa meta.

Para ello es necesario que la ciudadanía asuma su papel como actores políticos en la sociedad, para lograr la transformación de su entorno individual y colectivo de forma crítica y responsable.


Alfonso Hernández Barrón
Presidente CEDHJ