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Número 92
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Día de los Derechos Humanos
“En definitiva, ¿dónde empiezan los derechos humanos universales? En pequeños lugares, cerca de casa; en lugares tan próximos y tan pequeños que no aparecen en ningún mapa. [...]

Con el Día de los Derechos Humanos nos vienen a la mente recuerdos tristes, zonas oscuras de nuestra historia universal, brasas que no han sido apagadas por completo, y que en cualquier momento puede venir alguien, algún individuo o grupo de personas con ideas contrarias al espíritu universal de solidaridad y la concordia. Por ninguna razón debemos dejar que esas brasas recobren el fuego, pero sí arrojar cada vez más luz sobre ciertas zonas oscuras.

La celebración de este día tiene sus ayeres y sus palabras en varias mujeres: Eleanor Roosevelt, quien presidió el Comité de Redacción de la Declaración Universal de Derechos Humanos del 10 de diciembre de 1948: “En definitiva, ¿dónde empiezan los derechos humanos universales? En pequeños lugares, cerca de casa; en lugares tan próximos y tan pequeños que no aparecen en ningún mapa. [...] Si esos derechos no significan nada en estos lugares, tampoco significan nada en ninguna otra parte. Sin una acción ciudadana coordinada para defenderlos en nuestro entorno, nuestra voluntad de progreso en el resto del mundo será en vano.”

Esta declaración se inspiró en el texto de la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, de 1789. La Segunda Guerra Mundial, guerra espantosa sofocada con el espantoso remedio de dos bombas atómicas, obligó a pensar en una carta de derechos que afirmara los valores defendidos en la lucha contra el fascismo y el nazismo.

Su redacción se puso en cuanto a pensamiento, tinta en mano de un comité presidido por Eleanor Roosevelt, con miembros de 18 países. La Carta fue redactada en sus términos generales por el canadiense John Peters Humphrey y revisada por el francés René Cassin. Es preciso citar a las demás mujeres que participaron en ella.

A Hansa Mehta, de India, se le atribuye el cambio de la frase “Todos los hombres nacen libres e iguales” por “Todos los seres humanos nacen libres e iguales” en el artículo 1º de la Declaración.

Minerva Bernardino, de República Dominicana, tuvo opiniones muy trascendentes sobre la inclusión de la “igualdad de derechos de hombres y mujeres”.

Begum Shaista Ikramullah, pakistaní, promovió la incorporación del artículo 16, sobre la igualdad de derechos en el matrimonio, pues consideraba que era una manera de combatir el matrimonio infantil y forzado.

Bodil Begtrup, danesa, presidenta de la Subcomisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer en 1946, defendió que la Declaración aludiera a los titulares de los derechos como “todos” o “toda persona”, en lugar de emplear la fórmula “todos los hombres”.

Gracias a la francesa Marie-Hélène Lefaucheux, se incluyó la no discriminación sexual, en el artículo 2º, que quedó así: “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.”

Evdokia Uralova, de Bielorrusia, relatora de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer ante la Comisión de Derechos Humanos en 1947, logró que se incluyera la mujer en el artículo 23: “Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual”.

Por último, Lakshmi Menon, delegada de India ante la Tercera Comisión de la Asamblea General en 1948, abogó con contundencia por la repetición de la no discriminación sexual a lo largo de la Declaración Universal de Derechos Humanos, así como por la mención de “la igualdad de derechos de hombres y mujeres”, en el preámbulo



Eduardo Sosa Márquez
Primer Visitador General